Escrito por Michelle Csuk
La cultura de consumo actual, en la que queremos recibir todo lo que se nos antoja mejor ayer que hoy, no solamente nos lleva a realizar compras excesivas en páginas como Amazon, Temu o AliExpress, sino que además nos ha acostumbrado a comprarlo todo lo más barato posible, aunque la calidad sea mala y tengamos que adquirir el mismo artículo diez veces.
Aun así, nos queda la satisfacción de decirnos a nosotros mismos que hemos ahorrado. La realidad es que, si desde el principio hubiéramos comprado ese artículo a un vendedor de calidad y de confianza, quizá nos habría costado tres veces más, pero a largo plazo se habría amortizado. Posiblemente seguiríamos disfrutándolo cinco o diez años después, sin haber tenido que repararlo ni volver a comprarlo una y otra vez.
Pero puede que ese artículo pertenezca a una marca exclusiva, sea más caro y nos obligue a esperar. Quizá una semana. Quizá tres meses. Y como ya no tenemos esa paciencia, porque nuestro cerebro quiere recibir su recompensa de manera inmediata, acudimos a Amazon, Temu, AliExpress y otras plataformas que nos ofrecen una entrega más rápida y un precio más bajo. No importa que la calidad sea peor. Lo queremos barato y lo queremos ahora.
El verdadero problema aparece cuando aplicamos exactamente esta misma mentalidad a seres vivos, ya sean perros, gatos, pájaros o caballos.
Cuando hablamos de animales, lo barato siempre termina saliendo caro. Aquello que nos ahorramos en el momento de la compra acabaremos gastándolo después en veterinarios, pruebas, tratamientos, terapias, dietas especiales y todo tipo de cuidados para intentar arreglar un daño que, en muchos casos, podría haberse prevenido.
Y aquí es donde aparecen los criaderos estilo macrogranja1, que tienen cachorros disponibles durante todo el año en una enorme variedad de razas, tamaños y colores. Cachorros de Amazon. Cachorros de AliExpress. El cachorro ya existe, está disponible y tú solamente tienes que elegir el modelo y el color que más te guste.
Y para aquellas personas que se consideran especialmente exquisitas, también tienen las denominadas «razas de diseño«2. En estos casos, simplemente cruzan dos perros subóptimos 3 de determinadas razas y venden los cruces resultantes como algo exclusivo, llegando a pedir por ellos tres o cuatro veces más de lo que cuesta un perro de raza.
Y digo perros subóptimos porque eso es exactamente lo que son. No tienen una buena genealogía, no proceden de líneas seleccionadas por su salud, no se ha trabajado su temperamento y no se ha estudiado si realmente son ejemplares adecuados para la reproducción. Simplemente estamos cruzando dos chuchos para producir otro chucho, pero le ponemos un nombre llamativo, lo presentamos como una «raza de diseño» y lo vendemos a precio de artículo exclusivo.
El problema es que los perros de raza que producen estos macrocriaderos tampoco son perros de calidad. Podríamos comparar un criadero exclusivo y especializado con una marca de prestigio, mientras que estos macrocriaderos serían el equivalente a un producto Made in China comprado en AliExpress. Se parece. A primera vista puede engañar. Lleva una etiqueta similar. Pero la calidad no es la misma.
Cuando compramos un bichón maltés, un labrador, un caniche o un bóxer a un criador que se dedica al estudio, la selección y la cría responsable de esa raza, ese criador utiliza todas las herramientas que tiene a su disposición para intentar obtener cachorros que, en primer lugar, sean sanos; en segundo lugar, tengan un temperamento estable; y, en tercer lugar, se parezcan realmente a lo que dicta el estándar de su raza.
Cuando compro un bichón maltés, no quiero solamente un perro aleatorio, más o menos pequeño y de color blanco. Quiero un perro que, por sus proporciones, su carácter, su manto, su movimiento y el conjunto de sus características, sea realmente un bichón maltés.
Si quiero un perro indefinido, blanco y pequeño, puedo acudir a una protectora de animales. Allí puedo encontrar un compañero maravilloso y, al menos, no estaré llenando el bolsillo de juntaperros4.
Porque eso es lo que son muchas de estas personas: juntaperros. Personas que juntan dos animales, producen una camada y cobran por ella sin que exista detrás un verdadero trabajo de selección, un estudio de las genealogías, unas pruebas de salud adecuadas o una mínima preocupación por el resultado a largo plazo.
Pero el problema de estas macrogranjas tipo Amazon o AliExpress no es solamente la inmediatez de la compra. No es únicamente que el cachorro ya exista y tú puedas ir a elegir el color. Tampoco es solo que no importe quién se lleva al animal y que no exista la más mínima preocupación por saber quién va a comprarlo, dónde vivirá o si esa persona está realmente preparada para cuidarlo.
El problema es que, detrás de esos cachorros, existen unos padres que durante años sufren encerrados en jaulas y son utilizados como máquinas de parir. Animales degradados únicamente a su valor reproductivo. Como seres vivos y sintientes no tienen ningún valor para quienes los explotan. Su único valor reside en que tengan un aparato reproductor capaz de seguir produciendo cachorros que puedan venderse.
Y cuando termina su ciclo reproductivo, esos animales son descartados.
Antiguamente, ser descartado solía significar la eutanasia. Hoy en día, en el mejor de los casos, significa que alguna alma bondadosa adopta a ese pobre perro después de años de explotación. Con suerte, todavía le quedarán algunos años de vida y podrá pasarlos con una familia que lo valore por lo que realmente es: un ser vivo, no una máquina de fabricar cachorros.
Es perfectamente válido comprar un perro de raza y, de hecho, yo defiendo la compra de perros de raza procedentes de criadores responsables.
No existe un perro de protectora adecuado para todas las personas. Hay gente que no tiene la capacidad económica, emocional o de manejo necesaria para enfrentarse a determinados problemas que puede acarrear un perro procedente de una protectora. También es perfectamente válido que alguien simplemente no quiera lidiar con posibles problemas de salud, comportamiento, miedos, traumas o falta de información sobre los antecedentes del animal.
Pero también debemos ser conscientes de lo que fomentamos con nuestras decisiones y de cómo nuestras acciones afectan a otros seres vivos.
Nuestra elección no solamente repercute en el perro que vamos a llevarnos a casa. Ese perro también nos afectará a nosotros, a nuestra economía, a nuestra familia y a nuestra vida durante muchos años. Pero, además, con nuestra compra estamos influyendo directamente en la vida de sus padres, sus abuelos y todos los demás perros implicados en ese programa de cría.
La mentalidad Amazon puede estar muy bien cuando quieres comprarte un reproductor de MP3 o una air fryer para la cocina, pero debe tener un límite cuando se trata de seres vivos.
Si buscamos y acudimos a macrogranjas porque queremos pagar un precio más económico, lo que debemos hacer es ahorrar durante unos meses. Debemos apartar dinero, tener paciencia y, aunque tardemos más, acudir después a un buen criador.
Aunque tengamos que desembolsar una cantidad mayor, sabremos que contamos con unas garantías para nosotros y, sobre todo, con garantías de que los animales involucrados viven una vida digna. Que no son maltratados, explotados, encerrados durante años ni descartados cuando dejan de ser rentables. Que no son utilizados meramente por el hecho de tener un aparato reproductor funcional.
También tenemos que pensar en el sufrimiento que podríamos evitarle al cachorro que llegará a nuestra casa.
Por mucho que estemos dispuestos a gastar en veterinarios, pruebas, tratamientos, terapias, operaciones y dietas especiales, deberíamos hacernos una pregunta: ¿el perro se merece tener que sufrir todo eso?
Porque aquí aparece frecuentemente el argumento de que «ese cachorro también merece una familia, que alguien tiene que comprarlo y que nosotros estaremos dispuestos a cuidarlo y a pagar todo lo que necesite.» Pero si nadie comprase y fomentase esos criaderos, esos cachorros no llegarían a nacer. Y, por tanto, tampoco tendrían que padecer ni ser tratados por problemas que nunca deberían haberse provocado.
Comprar uno de esos cachorros no salva a los demás. Al contrario: financia la siguiente camada.
¿Es realmente justo someter a un cachorro a una vida llena de problemas y enfermedades solamente porque nosotros estamos dispuestos a pagar sus tratamientos? Aunque muchas de esas enfermedades puedan tratarse, será el perro quien tenga que sufrirlas. Será el perro quien tenga dolor, quien tenga que someterse a pruebas, operaciones o tratamientos continuos. Será su esperanza de vida la que pueda verse acortada y será su calidad de vida la que quede gravemente afectada.
Por supuesto, ningún criador puede garantizar que un perro nunca enfermará. Estamos hablando de seres vivos y no de máquinas. Pero existe una diferencia enorme entre hacer todo lo posible para prevenir una enfermedad y criar ignorando deliberadamente la salud, la genealogía y el temperamento de los animales.
Un criador responsable trabaja para producir un cachorro que pueda convertirse en un perro adulto sano y equilibrado y que, con un poco de suerte, solamente tenga que visitar al veterinario para recibir sus vacunas, realizar sus revisiones o porque se marea en el coche durante un viaje.
Un juntaperros produce lo que pueda vender.
Nuestras decisiones afectan a vidas. No solamente a la nuestra, sino también a vidas inocentes y, especialmente, a las de los animales implicados en aquello que decidimos financiar.
Por tanto, debemos tomar decisiones responsables y dejar de comprar perros como si estuviéramos buscando el último modelo de teléfono móvil a precio de chollo durante el Prime Day.
Un cachorro no es un producto de Amazon. No es una imitación barata de AliExpress. No es un capricho que tengamos que recibir mañana y tampoco es una oferta que debamos aprovechar antes de que se agote.
Es un ser vivo.
Y si realmente decimos que amamos a los animales, debemos dejar de financiar a quienes viven de explotarlos.
- «Criadero Macrogranja» son aquellos que operan grandes naves, muchas veces en conjunto a residencias caninas, donde ofrecen una gran variedad de razas y variedades, con cachorros disponibles casi todo el año, produciendo camadas unicamente para fines comerciales y según demanda del mercado. ↩︎
- «Raza de diseño» se refiere a cruces de perros populares como Maltipoo, Labradoodle, Cobberdog, etc. ↩︎
- «Perro de raza Suboptimo» se refiere que son perros de procedencia, salud, morfologia y temperamento dudoso. ↩︎
- «Juntaperros» Se dice de la persona que se dedica a reproducir perros sin control sanitario, pruebas geneticas, pedigree y con el unico fin de obtener el máximo beneficio. ↩︎
